viernes, 25 de enero de 2013

PÁEZ Y EL ÚLTIMO REALISTA



PÁEZ Y EL ÚLTIMO REALISTA
 ©GIUSEPPE ISGRÓ C.

Plutarco sugería que sólo debe escribirse sobre quienes con sus ejemplos sean dignos de ser emulados.
Si hoy nos referimos al “último realista” es sólo para resaltar los méritos del ilustre José Antonio Páez y de cómo Venezuela superó esta etapa.
Desde el mismo momento de terminar la Batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821, José Dionisio Cisneros, tomó la bandera del “último realista” con la excusa de defender los derechos de Fernando VII y tuvo en jaque a Venezuela durante veinticinco años.
Por su índole, pasaremos por alto la enumeración de sus cuantiosos hechos. Podría decirse, sin exageración, que resultó más fácil la Independencia que terminar con el último realista.
En los últimos seis años, Bolívar escribió diecisiete cartas ordenando ocuparse, como primera prioridad, del último realista. La mente del Libertador, además de libertar a Cuba y Puerto Rico, estaba inquieta por el último realista.  Él mismo y muchos de sus mejores hombres no habían podido poner término a este asunto.
El único que pudo con él fue el inigualable Páez, pero después de muchos años de esfuerzos.
En cierta ocasión, la gente de Páez tomó varios prisioneros, entre quienes se encontraba un niño de cinco años que resultó ser un hijo del último realista, a quien, Páez, se lo llevó a su casa criándolo como a un hijo, con la esperanza de adquirir algún ascendiente sobre el padre. A los veintiún años, el joven todavía estaba con Páez. Llegó a ser un hombre culto y distinguido.
Diversas cartas cruzadas entre el último realista y Páez reflejan la personalidad de ambos personajes. Empero, una de ella permite conocer a un Páez asombroso. Lleva a cabo en esa joya literaria de profundo contenido psicológico lo que hacen los “Maestros Espíritas” cuando curan a una persona obsesionada por un espíritu. Lo hacen “dándole la luz” y convenciéndole de las ventajas de descontinuar ese modo de vida que en manera alguna le reportará felicidad.
En una de esas cartas, Páez le dice: -“He recibido su estimada carta del 9 de agosto, en la cual Ud. promete no llevar a cabo ningún acto hostil y continuar viviendo en paz;…. Ha sido muy satisfactorio para mí que Ud., ya cansado de llevar una vida errante en los bosques, busque voluntariamente descanso y paz, mostrando el deseo de trabajar y de entrar en una vida civilizada, protegida por las leyes y disfrutando de bienestar. Yo le prometo que sus deseos serán plenamente satisfechos y bajo mi honor, que su persona permanecerá segura, …..”-. En esa extensa carta sigue Páez, hábilmente, induciendo al último realista a su total transformación.
Empero, había alguna demora en materializarse el contenido de las citadas epístolas.
Cierto día, Páez le envió al último realista un recado anunciándole que iría a visitarle, sólo y desarmado, a la montaña de Lagartijo, para hablar con él.
Fue recibido por el último realista, con, por lo menos, doscientos hombres bien armados.
El último realista le dijo, tan pronto como le vio: -“Páez, cómo te atreves a subir hasta aquí? -¿Qué vienes a hacer en medio de tus más encarnizados enemigos?”
Páez, le respondió: -“Vengo solamente a entenderme contigo para poner término a la guerra de exterminación que ha asolado hasta ahora a nuestra patria. Te ofrezco a ti y a tus hombres un indulto y la posibilidad de que se reincorporen a la vida civil y rehagan sus vidas”-.
Después de sugerirle a Páez que le indicara a sus hombres el tipo de maniobra que desease para que éstos le demostraran sus habilidades, se disponía para ejecutar la sentencia que ya había dictaminado en contra de Páez.
Pero la pasmosa serenidad del León de Payara, cuya ejemplaridad le había merecido el justo título de “El ciudadano Esclarecido”, ejercía un profundo ascendiente sobre el último realista y sus hombres.
Mientras conversaban, el último realista le hizo una señal a su gente, y al unísono los doscientos dispararon por encima de la cabeza de Páez.
Éste se mantuvo impasible. Recordemos que Páez era una leyenda viviente y uno de los mayores héroes que ha dado América, como lo han demostrados sus hazañas de “Vuelvan Caras”, “Mucuritas”, “Carabobo” e incontables otras. En la Batalla de las Queseras del medio, con ciento cincuenta y tres hombres diezmó el ejercito de siete mil hombres al mando de Pablo Morillo. Es de tomar en cuenta que, en su mayoría, eran adversarios que habían luchado en contra de los soldados de Napoleón.            
Después de lo que acababan de presenciar, esos  hombres no salían de su asombro. Verlo allí, con pasmosa serenidad, valor y total dominio del escenario, era algo que sus ojos casi no podían creer.
Entonces, el ultimo realista le dijo: -“Páez, hoy me has vencido; de aquí en adelante cuenta conmigo”. Le aceptó el indulto y se reincorporó a la vida civil junto con sus hombres.
Entró al servicio del país; de vez en cuando volvía a las andadas, muchas veces solapadamente. En algunas gestiones que llevó a cabo emuló la estrategia que Páez usara con él, escribiendo algunas cartas para recuperar a ex-compañeros suyos, en las que se observa como el discípulo superó al maestro.
En una de esas escaramuzas de la época, Páez lo puso al frente de un batallón, de cuyo rol desertó, ocasión que aprovechó para encarcelarlo. El mismo Páez le intimó a entregarle la espada y a entregarse, cosa que hizo sin resistencia.
Fue juzgado por inobediencia, sedición y expoliación y  sentenciado a ser pasado por las armas el 28 de diciembre de 1846.
Desde el 24 de junio de 1821 habían transcurrido 25 años. En gran parte de ellos el último realista había aterrorizado a Venezuela. Paradójicamente, hoy, casi nadie se acuerda de él. Oscar Palacios Herrera escribió un magnífico libro con el título: “Dionisio Cisneros, el último realista”, publicado por la Academia Nacional de la Historia, en el cual realiza una exhaustiva investigación.
Pero, Páez sigue siendo uno de los mayores paradigmas  para las nuevas generaciones de jóvenes líderes que aspiran a construir la Gran Nación con que soñaron los Padres de la Patria.
Páez tuvo clara conciencia, desde muy joven, del rol que le tocaría jugar en los destinos del País y asumió el compromiso que le dictaba su conciencia.
 Su autobiografía es un libro de lectura obligada. Los maestros de la Patria esperan ser emulados y la historia incluirá los nuevos nombres de las vidas ejemplares en sus páginas gloriosas.
La emulación de las virtudes heroicas plasmadas por Homero en sus dos inmortales obras épicas pudieron contribuir a la gestación de la edad de oro griega. En igual forma lo será la iberoamericana, en la cual Venezuela será pilar fundamental.
Adelante.

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EL ENCUENTRO EN LA VICTORIA



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UN ENCUENTRO EN LA VICTORIA

Autor: ©Giuseppe Isgró C.

Del libro: La Victoria

Capítulo I

Me encontraba un día, en una fuente de aguas tranquilas, cristalinas, cuando se me acercó un Venerable hombre, vestido a la antigua usanza, con bata blanca, larga, pelo y barba que alguna vez fueron de color pelirrojo y un báculo en la mano derecha.

Concentró sus ojos en los míos; su mirada era profunda, serena y apacible.

Con voz suave y afectiva, me dijo:

-“Hola, hijo, como estás”-.

–Bien, -le contesté-; y, ¿usted?

–Por aquí andamos; -fue su respuesta-, mientras me sonreía.

-¿Dónde estamos?, -le pregunté al Venerable hombre-.

-Este sitio es conocido como La Victoria; -me contestó-. –¿Qué haces por estos lados?

-Salí esta mañana, temprano, con el coche, a dar un paseo; luego, al llegar a esta zona, me paré a contemplar la belleza de los araguaneyes y decidí caminar un poco y la verdad que, absorto en mis reflexiones, caminé por lo menos durante dos horas, hasta llegar aquí. Desconocía este hermoso lugar. Y, usted, -¿vive por aquí cerca? -le pregunté-.

Un poco más arriba, en esa colina boscosa. Hace algunos años, -relata el Venerable hombre- decidí retirarme de la agitada vida ejecutiva en que me desenvolvía profesionalmente, como abogado, en la ciudad de Quebec, Canadá, aunque he viajado por diversos países asesorando a incontables líderes. Construí la casa, en esta zona tropical, con la idea de pasar aquí los meses de invierno. Me dedico al estudio de la vida, a la meditación y a cultivar mi jardín y de vez en cuando, a escribir mis reflexiones, las cuales, algún día, habrán de ser publicadas para esparcir un poco la luz que he podido vislumbrar en mis estudios metafísicos-espirituales.

-¿Quieres tomar un café? –Me preguntó el Venerable hombre-. Lo he traído de Caripe El Guácharo; es de los más exquisitos que he probado.

-Sí, con gusto se lo acepto; -le contesté-.

Nos fuimos caminando por un sendero rodeado de árboles cargados de mangos, aguacates, naranjas y una hilera de cayenas de diversos colores. A lo lejos, el ruido de la brisa se oía apaciblemente. Todo era quietud, armonía y paz. Pero, sobre todo, lo que más me impresionaba era la apacibilidad y el sosiego del Venerable hombre de La Victoria. Emanaba de él un flujo de fuerza que, en su presencia, me sentía con un poder y una seguridad nunca antes experimentados. Fuerzas bienhechoras se iban apoderando de mí y aquella paz y relax que buscaba en la mañana, al salir a dar un paseo, sin percatarme de ello, las estaba experimentando ya.

Después de unos quince minutos de caminar, llegamos a la casa del Venerable hombre. Su aspecto exterior humilde estaba lejos de dejar entrever lo que segundos después habría de asombrarme con lo que encontré en el interior.

Al entrar, en la casa, una joven de unos veinte años saludó al Venerable hombre.

-¡Hola, abuelo!, ¿cómo estás?

–Bien, hija, -contestó el Venerable hombre-. -Prepara un poco de café, Lucía, mientras conversamos un poco, adentro.

-Por cierto, te presento a Santiago, quien ha llegado paseando hasta La Victoria.

Después de la presentación, entramos en la biblioteca del Venerable hombre. Un salón grande, lleno de estantes de libros por todas partes, lo cual hacía inimaginable dicho cuadro desde el exterior. Algunos cuadros al óleo de morichales y de personajes históricos, presentaban un ambiente acogedor. En un rincón se encontraban diversos retratos de Tagore, Gandhi, Cicerón, Séneca, Ibn Arabi y un dibujo de Don Quijote y Sancho Panza. En un pequeño cuadro, podía leerse: -“Lo que Alá quiera. Nada se le asemeja”-.

-Le felicito por este inmenso tesoro que usted tiene aquí, -le dije al Venerable hombre-. -¿Cuáles son los temas de su interés?

A lo cual, me contestó: -Como usted puede ver, Santiago, -y me invitó a recorrer los estantes- aquí hay libros de variados temas: clásicos de todos los países y épocas, desde los Vedas, los Upanishads, el Mahabaratha, los libros de Confucio, El Tao te King, de Lao Tse, el Poema de Gilgamesh, el Código de Amurabí, autores griegos, como Homero y Hesiodo. Se encuentran las obras completas de Euclides, Platón, Aristóteles, Teofrasto, Demetrio de Falereo, de los Presocráticos, Epicteto, Plutarco, etcétera; de los latinos, autores como Séneca, Cicerón, -que son mis preferidos-, Julio César, Tito Livio, Dionisio de Halicarnaso, Marco Aurelio, así como libros de Psicología, Gerencia, Sufismo, Yoga, ensayos, filosofía, parapsicología, hermetismo, El Quijote, libros de economía, filosofía, etcétera, en fin, un poco de todo lo que es preciso conocer para poder entender el significado de la vida: de dónde venimos, por qué estamos aquí y hacía dónde vamos, sin lo cual, la vida no tendría sentido, sobre todo por el gran afán a que está sometido el ser humano en la agitada vida moderna.

Nos sentamos en sendas butacas y nos entretuvimos conversando de temas diversos. Al poco rato, entró Lucía con dos tazas de oloroso café y unos biscochos, que degustamos con agrado en una amena e interesante conversación. Al fondo, podía oírse una suave música de Beethoven.

Pasamos cerca de una hora conversando de sobre la Atlántida, Egipto, los griegos, de Homero, de los sufíes, del budismo zen, los poderes del espíritu, meditación, etcétera, después de lo cual, le hice una pregunta directa.

-Seguramente, usted ha desarrollado alguna técnica de meditación y algún método de resolución de situaciones, en la vida, que me quisiera explicar, ya que, según observo, para tener usted una serenidad tan acentuada y una fortaleza física a la edad que imagino que usted debe tener, -cerca de noventa años- es porque ha encontrado en su larga experiencia algún secreto que quizás quisiera compartir conmigo.

Santiago, -me dijo el Venerable hombre, si vuelves a visitarme otro día, quizá te cuente algo que te pueda servir. Empero, antes de que te vayas, te haré entrega de unos apuntes que hace ya muchos años, en una época en que yo andaba a la búsqueda de sosiego y tratando de encontrarle sentido a la vida, un Venerable hombre que, en una edad similar a la mía, a su vez me entregara y cuya práctica asidua me permitió domar la mente, encarrilar mi vida y poner bajo control los hilos del destino. Son veintidós manuscritos, y una meditación diaria, –continuó diciendo el Venerable hombre, que si bien son ya un poco antiguos, podrás copiarlos de nuevo y si pones en práctica las técnicas que contienen, darás a tu vida un esplendor que habrá de sorprenderte agradablemente.

-Una vez que los hayas probado con total y absoluta satisfacción de tu parte, -me dijo, ponlos en limpio, en forma de libro y publícalo para que su mensaje llegue a mayor número de personas. Hacía tiempo que esperaba a alguien a quien confiarle este legado y creo que hoy, al llegar aquí, en la forma en que lo has hecho, tus pasos han sido dirigidos por Aquel que todo lo sabe y puede, por la Ley Cósmica, y en cuyos planes universales, todos somos sus instrumentos.

Me despedí del Venerable hombre y de su adorable nieta, sintiendo dentro de mí fuerzas desconocidas hasta entonces que preanunciaban grandes cambios en mi vida.

En los días siguientes, aparté una hora diaria, antes de dormirme, y leí y releí, todos los manuscritos, de la siguiente manera: En primer lugar copié la Meditación diaria en un cuaderno, el cual leí durante veintidós noches y mañanas seguidas, tal como lo indicaban las instrucciones de la misma.

Una nota al pie de página mencionaba que si yo la transcribía en un cuaderno, el hecho de hacerlo, grabaría en mi ordenador mental las instrucciones y me sería más fácil desarrollar, en mi personalidad, las cualidades y condiciones que formaban parte de los objetivos implícitos en la misma.

De los veintidós manuscritos, cada lunes, a las once en punto de la noche, copiaba uno en el cuaderno, y durante el resto de la semana, a la misma hora, lo leía y meditaba, siguiendo las fáciles y efectivas técnicas e indicaciones al inicio del mismo.

Cuatro semanas después de leer durante veintidós días seguidos, en la noche y en la mañana, la meditación diaria, comenzaron a manifestarse en mi vida una serie de cambios positivos que me dejaban asombrado a mi mismo, pero, también, los miembros de mi familia y a mis amistades; sobre todo mi semblante comenzó a ser más apacible; volví a sonreír desde el interior; mi estado anímico era de contento; me sentía más seguro de mi mismo; comencé a confiar más en la gente, en la vida y a vislumbrar el sentido de mi misión en la vida –percibía cosas que antes me pasaban desapercibidas, a pesar de haber estado siempre allí. Sentía fluir en mí una nueva corriente vivificadora de prosperidad, de felicidad, de alegría de vivir. Mi entusiasmo y amor por la vida y por mi familia, por mi trabajo y por las personas, crecía día a día. En aproximadamente dos meses había logrado muchas de las cosas en las cuales había soñado desde hacía años. Había dado un paso sorprendente en el camino de la autorrealización.

Efectivamente, pude comprobar que me fue relativamente muy fácil desarrollar las aptitudes y actitudes a nivel físico, mental, emocional, espiritual y en diversos aspectos de mi vida, como el financiero, que comenzó a mejorar casi inmediatamente, así como, surgieron nuevas oportunidades que comencé a aprovechar, casi sin esfuerzo de mi parte.

Transcurría el año de 1967 y mi vida había encontrado un sendero que habría de conducirme a cooperar en forma más efectiva en el plan divino que el Supremo Hacedor, en algún momento, había diseñado para mí.

Tres meses después volví a aquel lugar donde había encontrado al Venerable hombre de La Victoria y allí estaba la fuente que él dijo llamarse La Victoria; empero, cuando traté de encontrar el camino para llegar a la casa donde amablemente me ofreció un delicioso café, preparado por su nieta Lucía, no logré encontrarlo, pese a haber recorrido durante un par de horas por los alrededores. Pregunté a varias personas para ver si podían indicarme como llegar a la casa del Venerable hombre y cual fue mi sorpresa, nadie lo conocía.

Empero, después de tanto buscar, volví a encontrar la casa donde vivía el Venerable hombre de La Victoria, pero se encontraba abandonada. Su aspecto indicaba que debía encontrarse en ese estado un lapso mayor del que mediaba con el encuentro de aquel ser extraordinario. Es sorprendente como los inmuebles solos acusan el paso del tiempo en mayor grado que los que son habitados. Si no fuera por los manuscritos pensaría que el encuentro no fue más que un simple sueño. -¿O se trata, acaso de un sueño combinado con un fenómeno de aporte? Personalmente, no lo creo. El encuentro fue muy vívido y real. El aromático café servido por Lucía estaba exquisito. Durante varios años volví al lugar varias veces, la casa seguía sola. La última vez que volví, no la pude ubicar y sin tener tiempo suficiente para seguir buscándola, me fui. Ahora, vivo muy lejos de aquella zona, en otro continente; han transcurrido muchos años y después de tanto tiempo es poco probable que vuelva allí; pero, los manuscritos y la meditación diaria obran en mi poder, me han transformado y han enriquecido mi vida.

Durante más de treinta y cinco años he puesto en práctica las diversas variantes de los ejercicios, afirmaciones y meditaciones que contienen los manuscritos y la meditación diaria y cada vez que los pongo en práctica, experimentos los mismos beneficios. Ahora, ellos se encuentran en el libro que usted tiene en sus manos; espero que les sean tan útiles como los han sido para mí.

Su contenido es eminentemente práctico; no hay teorías superfluas. Si lleva a cabo los ejercicios que contienen, es probable que, gradualmente, se vaya efectuando la transmutación alquímica de su ser sintonizándose con los elevados resultados existenciales, los cuales, por añadidura, al ser creados a nivel mental, se van manifestando en su propia vida, oportunamente.

Sobre todo, con estos ejercicios, me percaté, cuando el Venerable hombre me entregó los manuscritos, de que se dispone de un método para domar la mente y ejercer un pleno dominio sobre la vida en general y, por ende, sobre el destino y controlar, cuando eventualmente se presenten, todas las situaciones, manteniendo un perfecto equilibrio físico, mental, emocional, espiritual y financiero.

El Venerable hombre de La Victoria me comentaba que todo se puede lograr en la vida si se siembra la respectiva semilla por medio de correctas decisiones acordes con la propia y elevada auto-estima y dignidad personal, desarrollando el convencimiento de que sí se puede hacer, por medio de las afirmaciones, las visualizaciones y meditaciones, la experimentación de un estado emocional acorde al momento de ser logrados los respectivos resultados y la practica del desapego, es decir, dejar encargada a la mente psiconsciente del logro, y además, se espera el tiempo necesario haciendo, mientras tanto, todo lo que se requiere, según el caso o los objetivos por alcanzar.

Estas técnicas funcionan, me decía una y otra vez el Venerable hombre de La Victoria; luego, agregaba: -las he probado por más de cincuenta años y quien, a su vez me las entregó, habría hecho otro tanto, aseverando que eran efectivas, si yo seguía fielmente las instrucciones y las ponía en práctica con expectativas positivas.

Desde que en 1967, el Venerable hombre me hiciera entrega de los manuscritos, han transcurrido un poco más de de treinta y cinco años, durante los cuales yo también he puesto en práctica las diversas variantes de los ejercicios, afirmaciones y meditaciones que contienen, y cada vez que me ejercito con ellos, experimento los mismos beneficios. Ahora, ellos se encuentran en el libro que usted tiene en sus manos; espero que les sean tan útiles como los han sido para todos los que hemos aplicado las enseñanzas del Venerable hombre de La Victoria.

Él me repetía constantemente: -“¡Tú puedes si crees que puedes hacerlo! ¡Hazlo y tendrás el poder!

Recuerdo que ese día el Venerable hombre me dijo: -ejercer el poder con que la naturaleza de las cosas ha dotado a cada ser, cultivando los dones inherentes y aprendiendo todo lo que se pueda de sí y del vasto universo del que se forma parte, es una manera efectiva de ser cada día más feliz. Luego, cuando me despedí de él, expresó: -“¡Que cada día brille más y mejor tu luz interior!”.- Adelante.

Capítulo 2

Meditación diaria

Es lunes en la noche, son las once en punto.

Me dispongo a copiar textualmente, en el cuaderno que he dispuesto para ello, el manuscrito identificado con el título:

Meditación diaria

Dice así:

Afirme, en la mañana y en la noche, antes de dormir, durante veintidós días; luego, cada vez que lo desee, esta poderosa fórmula de programación mental positiva y descubra cómo, con facilidad, van ocurriendo cosas maravillosas en su vida:

MEDITACIÓN DIARIA

Afirma, en la mañana y en la noche, antes de dormir, durante veintidós días; luego, cada vez que lo desees, esta poderosa fórmula de programación mental positiva y descubre cómo, con facilidad, van ocurriendo cosas maravillosas en tu vida. Al encender la luz en la mente se ilumina la propia existencia y todo en derredor vibra al unísono y con el mismo sentimiento de felicidad y bienestar, interrelacionándose por la ley de afinidad.

1. -Entro en el nivel de mi mente psiconsciente, en el centro de control de mi piloto mental automático, donde todo va bien, siempre, contando de tres a uno: Tres, dos, uno.

Ø Ahora, estoy ya en el nivel de mi mente psiconsciente, en el centro de control de mi piloto mental automático, donde todo va bien, siempre.

Ø Voy a permanecer en el nivel de mi mente psiconsciente, en el centro de control de mi piloto mental automático, donde todo va bien, siempre, durante quince minutos y voy a programar los siguientes efectos positivos, los cuales perduran, cada vez mejor, hasta que vuelva a realizar este acceso y programación mental:

Ø Todo va bien, siempre, en todos los aspectos de mi vida, cada día mejor. (Tres veces). –Imagínalo-.

Ø Todo va bien en mi trabajo; cada día logro mejores niveles de efectividad, prosperidad, riqueza, abundancia y bienestar. (Imagínalo).

2. Formo una unidad cósmica perfecta con el Creador Universal, -ELOÍ. (Diez veces, con los ojos cerrados). Hoy se expresa en mí la Perfección universal de la Vida, del amor, de la luz, de la sabiduría, del perdón, de la percepción de la verdad, de la aceptación de la realidad, de la justicia, de la igualdad, de la compensación, de la fortaleza, de la templanza, de la belleza, del equilibrio, de la armonía, de la salud, de la prosperidad, de la riqueza, de la abundancia, del servicio y de la provisión en todos los aspectos de mi vida.

3. -Cada día, en todas formas y condiciones, mi cuerpo y mi mente funcionan mejor y mejor. La consciencia de mi conexión permanente e indisoluble con el Creador Universal, -ELOÍ-, restablece y mantiene en mí, diariamente, durante las veinticuatro horas del día, un perfecto estado de salud a nivel físico, mental, emocional y espiritual. Gracias, Creador Universal, por darme un cuerpo perfecto, saludable, lleno de energía. Aquí y ahora, me siento en perfecto equilibrio de salud, a nivel físico, mental, emocional y espiritual.

4. Afronto y resuelvo bien toda situación que me compete, siempre.

5. Todo tiene solución, en todas las situaciones de mi vida.

6. El Creador Universal, -ELOÍ-, es en mí, cada día mejor, en todos los aspectos de mi vida, fuente de amor, luz, sabiduría, éxito, riqueza, prosperidad, abundancia y armonía.

7. Permito que las leyes universales de la Vida, del amor, de la luz, de la sabiduría, del perdón, de la percepción de la verdad, de la aceptación de la realidad, de la justicia, de la igualdad, de la compensación, de la fortaleza, de la templanza, de la belleza, del equilibrio, de la armonía, de la salud, de la prosperidad, de la riqueza, de la abundancia, del servicio y de la provisión actúen bien en el plan de mi vida.

8. Tengo prosperidad y poder. Cada día enriquezco mejor mi vida a través del servicio efectivo, del amor y de la práctica de todas las virtudes.

9. Mi dignidad personal me lleva a realizar las cosas que me competen con la máxima perfección posible.

10. Cada día, en todas formas y condiciones, en todos los aspectos de mi vida, estoy mejor y mejor a nivel físico, mental, emocional, espiritual y financiero.

11. Actúo con templanza, serenidad, autodominio y perfecto equilibrio en todo. Conservo plena autonomía y control sobre todas mis facultades físicas, mentales, emocionales, intelectuales y espirituales. Hecho está. (Visualizar un escudo protector de luz que te envuelve y protege; -una pirámide-).

12. Tengo fortaleza, valor, confianza y fe suficiente para triunfar y alcanzar todas mis metas, de acuerdo con la voluntad del Creador Universal, -ELOÍ-, y en armonía con sus planes cósmicos. Soy inmune e invulnerable a las influencias y sugestiones del medio ambiente y de cualquier persona a nivel físico, mental, emocional y espiritual, en las dimensiones objetivas y subjetivas y en cualesquiera otras en que sea requerido.

13. El orden universal de la Vida, del amor, de la luz, de la sabiduría, del perdón, de la percepción de la verdad, de la aceptación de la realidad, de la justicia, de la igualdad, de la compensación, de la fortaleza, de la templanza, de la belleza, del equilibrio, de la armonía, de la salud, de la prosperidad, de la riqueza, de la abundancia, del servicio y de la provisión se establece en mi vida, en todos mis asuntos y en las personas interrelacionadas, aquí y ahora. Hecho está.

14. Asumo la responsabilidad de mis actos y cumplo bien todos mis compromisos, siempre oportunamente, de acuerdo con el orden cósmico.

15. El Creador Universal, -ELOÍ-, nos da abundancia y armonía en el eterno presente. Vivo en abundancia y en armonía perfectas, aquí, ahora y siempre.

16. El Creador Universal, -ELOÍ-, se está ocupando de todo, en todos los aspectos de mi vida, y se expresa en mí conciencia intuitiva por medio de los sentimientos en correspondencia con los valores universales.

17. Gracias, Creador Universal, -ELOÍ-, por esta vida maravillosa. Que Tu Inteligencia Infinita, Amor, Sabiduría, Justicia, Luz, y Poder Creador guíen, adecuadamente, todas mis decisiones y acciones, ahora y siempre. Gracias, Eloí, por este día maravilloso.

18. El Creador Universal, -ELOÍ-, nos proteja, aquí y en cualquier lugar, ahora y siempre. (Tres veces).

19. Siempre espero lo mejor, de acuerdo con la voluntad del Creador Universal, -ELOÍ-, y la Ley Cósmica, en armonía con todos.

20. Gracias, Creador Universal; todo va bien en todos los aspectos de mi vida, a nivel físico, mental, emocional y espiritual. Gracias, Eloí, todo va bien en mis practicas espirituales y en mi relación Contigo; Tú y yo formamos una unidad perfecta, armónica, aquí y ahora, en el eterno presente. Yo soy Tú, Tú eres yo. Te amo.

21. Voy a realizar –obtener o resolver- (mencionar), antes del: (fecha), de acuerdo al orden divino y en armonía con todos. (Si se trata de varios objetivos, anótelos y haga la afirmación y visualización con cada uno de ellos. Imagínelo concluido satisfactoriamente sin imponer canal alguno de manifestación.)

22. Tengo serenidad y calma imperturbable. Soy impasible frente a todo y a todos. No tengo temor a nada, a nadie ni de nadie en ningún nivel físico, mental, emocional, espiritual y financiero. Dentro de mí vibra la seguridad total. Tengo completa confianza en la vida y en mi propia capacidad de resolver situaciones y alcanzar los resultados satisfactorios que preciso, en cada caso, siempre.

A continuación anoté la fecha: Lunes 12 de agosto de 1967. Luego, tal como me lo indicó el Venerable hombre, anoté la fecha que correspondía veintidós días después: 03 de septiembre de 1967.

Acto seguido, me senté cómodamente, tomé tres respiraciones profundas y realicé la meditación.

Luego, cada noche, durante veintidós días, a las once en punto, me iba a mi cuarto, daba indicaciones de no ser interrumpido durante veinte minutos y realizaba la meditación del día, la cual, siempre complementaba con la lectura breve de uno de los libros de cabecera que siempre suelo tener en mi mesa de noche.

Iba notando, día a día como emergía de mi interior una nueva y desconocida fortaleza, seguridad, estado de ánimo contento, actitud más decidida, optimismo frente a la vida y a las situaciones; comencé a llevarme mejor en las relaciones con las demás personas, a ser más comedido en todo y sobre todo comenzaba a tener conciencia de cosas que antes me solían pasar desapercibidas.

Cabe destacar que, en el punto número veintiuno de la meditación, había anotado siete objetivos que desde hacía tiempo quería realizar y para mi sorpresa, treinta días después de haber terminado de efectuar la meditación del manuscrito número veintidós comencé a observar como, en forma aparentemente casual se iban manifestando la resultados de cada uno de ellos hasta que, algunos meses después, antes de la fechas previstas, los había realizado todos, menos dos, por lo cual, me senté y volví a anotar, en una hoja de mi cuaderno, otros diez objetivos, encabezados por los dos pendientes de la lista anterior, les puse la fecha tope a cada uno, antes de la cual debían ser logrados, para seguir visualizando, su logro, periódicamente.

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viernes, 25 de enero de 2013

PÁEZ Y EL ÚLTIMO REALISTA



PÁEZ Y EL ÚLTIMO REALISTA
 ©GIUSEPPE ISGRÓ C.

Plutarco sugería que sólo debe escribirse sobre quienes con sus ejemplos sean dignos de ser emulados.
Si hoy nos referimos al “último realista” es sólo para resaltar los méritos del ilustre José Antonio Páez y de cómo Venezuela superó esta etapa.
Desde el mismo momento de terminar la Batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821, José Dionisio Cisneros, tomó la bandera del “último realista” con la excusa de defender los derechos de Fernando VII y tuvo en jaque a Venezuela durante veinticinco años.
Por su índole, pasaremos por alto la enumeración de sus cuantiosos hechos. Podría decirse, sin exageración, que resultó más fácil la Independencia que terminar con el último realista.
En los últimos seis años, Bolívar escribió diecisiete cartas ordenando ocuparse, como primera prioridad, del último realista. La mente del Libertador, además de libertar a Cuba y Puerto Rico, estaba inquieta por el último realista.  Él mismo y muchos de sus mejores hombres no habían podido poner término a este asunto.
El único que pudo con él fue el inigualable Páez, pero después de muchos años de esfuerzos.
En cierta ocasión, la gente de Páez tomó varios prisioneros, entre quienes se encontraba un niño de cinco años que resultó ser un hijo del último realista, a quien, Páez, se lo llevó a su casa criándolo como a un hijo, con la esperanza de adquirir algún ascendiente sobre el padre. A los veintiún años, el joven todavía estaba con Páez. Llegó a ser un hombre culto y distinguido.
Diversas cartas cruzadas entre el último realista y Páez reflejan la personalidad de ambos personajes. Empero, una de ella permite conocer a un Páez asombroso. Lleva a cabo en esa joya literaria de profundo contenido psicológico lo que hacen los “Maestros Espíritas” cuando curan a una persona obsesionada por un espíritu. Lo hacen “dándole la luz” y convenciéndole de las ventajas de descontinuar ese modo de vida que en manera alguna le reportará felicidad.
En una de esas cartas, Páez le dice: -“He recibido su estimada carta del 9 de agosto, en la cual Ud. promete no llevar a cabo ningún acto hostil y continuar viviendo en paz;…. Ha sido muy satisfactorio para mí que Ud., ya cansado de llevar una vida errante en los bosques, busque voluntariamente descanso y paz, mostrando el deseo de trabajar y de entrar en una vida civilizada, protegida por las leyes y disfrutando de bienestar. Yo le prometo que sus deseos serán plenamente satisfechos y bajo mi honor, que su persona permanecerá segura, …..”-. En esa extensa carta sigue Páez, hábilmente, induciendo al último realista a su total transformación.
Empero, había alguna demora en materializarse el contenido de las citadas epístolas.
Cierto día, Páez le envió al último realista un recado anunciándole que iría a visitarle, sólo y desarmado, a la montaña de Lagartijo, para hablar con él.
Fue recibido por el último realista, con, por lo menos, doscientos hombres bien armados.
El último realista le dijo, tan pronto como le vio: -“Páez, cómo te atreves a subir hasta aquí? -¿Qué vienes a hacer en medio de tus más encarnizados enemigos?”
Páez, le respondió: -“Vengo solamente a entenderme contigo para poner término a la guerra de exterminación que ha asolado hasta ahora a nuestra patria. Te ofrezco a ti y a tus hombres un indulto y la posibilidad de que se reincorporen a la vida civil y rehagan sus vidas”-.
Después de sugerirle a Páez que le indicara a sus hombres el tipo de maniobra que desease para que éstos le demostraran sus habilidades, se disponía para ejecutar la sentencia que ya había dictaminado en contra de Páez.
Pero la pasmosa serenidad del León de Payara, cuya ejemplaridad le había merecido el justo título de “El ciudadano Esclarecido”, ejercía un profundo ascendiente sobre el último realista y sus hombres.
Mientras conversaban, el último realista le hizo una señal a su gente, y al unísono los doscientos dispararon por encima de la cabeza de Páez.
Éste se mantuvo impasible. Recordemos que Páez era una leyenda viviente y uno de los mayores héroes que ha dado América, como lo han demostrados sus hazañas de “Vuelvan Caras”, “Mucuritas”, “Carabobo” e incontables otras. En la Batalla de las Queseras del medio, con ciento cincuenta y tres hombres diezmó el ejercito de siete mil hombres al mando de Pablo Morillo. Es de tomar en cuenta que, en su mayoría, eran adversarios que habían luchado en contra de los soldados de Napoleón.            
Después de lo que acababan de presenciar, esos  hombres no salían de su asombro. Verlo allí, con pasmosa serenidad, valor y total dominio del escenario, era algo que sus ojos casi no podían creer.
Entonces, el ultimo realista le dijo: -“Páez, hoy me has vencido; de aquí en adelante cuenta conmigo”. Le aceptó el indulto y se reincorporó a la vida civil junto con sus hombres.
Entró al servicio del país; de vez en cuando volvía a las andadas, muchas veces solapadamente. En algunas gestiones que llevó a cabo emuló la estrategia que Páez usara con él, escribiendo algunas cartas para recuperar a ex-compañeros suyos, en las que se observa como el discípulo superó al maestro.
En una de esas escaramuzas de la época, Páez lo puso al frente de un batallón, de cuyo rol desertó, ocasión que aprovechó para encarcelarlo. El mismo Páez le intimó a entregarle la espada y a entregarse, cosa que hizo sin resistencia.
Fue juzgado por inobediencia, sedición y expoliación y  sentenciado a ser pasado por las armas el 28 de diciembre de 1846.
Desde el 24 de junio de 1821 habían transcurrido 25 años. En gran parte de ellos el último realista había aterrorizado a Venezuela. Paradójicamente, hoy, casi nadie se acuerda de él. Oscar Palacios Herrera escribió un magnífico libro con el título: “Dionisio Cisneros, el último realista”, publicado por la Academia Nacional de la Historia, en el cual realiza una exhaustiva investigación.
Pero, Páez sigue siendo uno de los mayores paradigmas  para las nuevas generaciones de jóvenes líderes que aspiran a construir la Gran Nación con que soñaron los Padres de la Patria.
Páez tuvo clara conciencia, desde muy joven, del rol que le tocaría jugar en los destinos del País y asumió el compromiso que le dictaba su conciencia.
 Su autobiografía es un libro de lectura obligada. Los maestros de la Patria esperan ser emulados y la historia incluirá los nuevos nombres de las vidas ejemplares en sus páginas gloriosas.
La emulación de las virtudes heroicas plasmadas por Homero en sus dos inmortales obras épicas pudieron contribuir a la gestación de la edad de oro griega. En igual forma lo será la iberoamericana, en la cual Venezuela será pilar fundamental.
Adelante.

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